Speedrunning: el arte de destrozar videojuegos en tiempo récord que tiene a la comunidad española más dividida que nunca
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Imagina pasarte años jugando a The Legend of Zelda: Ocarina of Time para completarlo con calma, disfrutando cada rincón de Hyrule. Ahora imagina que alguien lo termina en menos de siete minutos. Sí, siete minutos. Eso es el speedrunning, y en España está generando conversaciones tan acaloradas como las que provoca el debate de PlayStation versus Xbox.
Lo que empezó como una práctica de nicho en foros anglosajones se ha convertido en toda una subcultura dentro del gaming español. Streamers, jugadores de salón y competidores de alto nivel llevan tiempo midiendo cada segundo, exprimiendo cada mecánica y encontrando atajos que los propios desarrolladores no sabían que existían. Y la pregunta que flota en el ambiente es siempre la misma: ¿esto enriquece los videojuegos o los vacía de sentido?
¿Qué es exactamente el speedrunning y por qué engancha tanto?
En su forma más básica, el speedrunning consiste en completar un videojuego —o una parte de él— en el menor tiempo posible. Pero llamarlo «básico» sería quedarse muy corto. Hay categorías para todos los gustos: el Any%, que permite usar cualquier truco para llegar al final sin importar nada más; el 100%, donde hay que completar absolutamente todo el juego a la máxima velocidad posible; o el Glitchless, que prohíbe explotar fallos del juego y exige dominar la mecánica pura.
Lo que hace tan adictivo al speedrunning no es solo la velocidad. Es el conocimiento profundísimo que requiere. Un speedrunner de verdad sabe más sobre el código de un juego que muchos de sus propios programadores. Conoce cada hitbox, cada animación cancelable, cada zona de carga que puede manipular para ahorrar décimas de segundo. Es, en cierto modo, una forma de ingeniería inversa jugada en tiempo real.
En España, plataformas como Twitch han sido el catalizador definitivo para que esta práctica explote. Canales en castellano dedicados exclusivamente al speedrunning acumulan miles de seguidores, y eventos como el Games Done Quick —el maratón benéfico de speedrunning más famoso del mundo— tienen cada vez más representación hispana entre sus participantes.
Las herramientas del oficio: más allá del mando
Si crees que para hacer speedrunning solo necesitas reflejos rápidos y mucha paciencia, te falta información. La comunidad española ha adoptado con entusiasmo un arsenal de herramientas que van mucho más allá del joystick.
El LiveSplit es el software de cronometraje por excelencia: divide la partida en segmentos y compara en tiempo real el ritmo actual con el mejor intento previo. Verlo en pantalla durante un directo es casi hipnótico. Luego están los emuladores, que permiten practicar segmentos concretos sin tener que rejugar el juego entero, aunque su uso en categorías competitivas oficiales genera bastante polémica.
Para compartir sus hazañas, los speedrunners españoles utilizan Twitch como escenario principal, con OBS como software de captura y plataformas como Speedrun.com para registrar sus marcas oficiales y competir en tablas de clasificación globales. Algunos van más allá y graban con capturadoras de alta calidad para publicar en YouTube análisis detallados de cada split, convirtiendo sus carreras en auténtico contenido educativo para la comunidad.
El debate que parte en dos a los gamers españoles
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Dentro de la comunidad gamer española hay dos bandos bastante definidos, y la discusión entre ellos puede volverse bastante intensa en redes sociales y foros como Forocoches o los subreddits en español dedicados al gaming.
Los que defienden el speedrunning argumentan que esta práctica es una de las formas más puras de dominar un videojuego. Dicen que exige un nivel de maestría que pocos jugadores convencionales alcanzan jamás, y que lejos de «romper» la experiencia, la eleva a otra dimensión. Para ellos, descubrir un glitch que permite atravesar una pared es tan válido como encontrar una estrategia brillante en un juego de estrategia. Es creatividad dentro de las reglas —o fuera de ellas, según se mire—.
Además, señalan que el speedrunning ha salvado del olvido a juegos que llevaban años acumulando polvo. Títulos como Super Mario 64, Dark Souls o Celeste han visto revivir su popularidad gracias a que la comunidad speedrunner los convirtió en campos de entrenamiento legendarios. En España, juegos de culto como Castlevania: Symphony of the Night tienen comunidades activas de speedrunners que mantienen vivo el interés años después de su lanzamiento.
Los detractores, en cambio, tienen argumentos igual de sólidos. Muchos jugadores consideran que el speedrunning destruye la narrativa y la atmósfera que los desarrolladores han construido con mimo. ¿De qué sirve el trabajo artístico de un juego si lo vas a saltar en cuarenta segundos explotando un fallo de programación? Para este sector, ver a alguien completar Red Dead Redemption 2 en menos de dos horas es casi un insulto a los miles de horas de trabajo invertidas en crear ese mundo.
También hay críticas más pragmáticas: el speedrunning puede convertir lo que debería ser un hobby relajante en una actividad obsesiva y frustrante. Repetir el mismo segmento cientos de veces para ahorrar dos décimas de segundo no es lo que mucha gente entiende por diversión.
Speedrunners españoles que están dejando huella
A pesar del debate, la escena española de speedrunning tiene nombres propios que están ganándose el respeto de la comunidad internacional. Streamers y competidores nacionales aparecen cada vez con más frecuencia en los rankings globales de Speedrun.com, especialmente en categorías de juegos clásicos de plataformas y RPGs de los 90.
Lo más llamativo es la variedad de perfiles: desde universitarios que hacen speedrunning como hobby de fin de semana hasta jugadores que dedican horas diarias a perfeccionar sus técnicas con una seriedad casi profesional. La comunidad española destaca especialmente por su capacidad para documentar sus descubrimientos en castellano, haciendo accesible una práctica que durante mucho tiempo estuvo dominada por el inglés.
¿Rejuvenece o agota los videojuegos?
La respuesta honesta es que depende de quién lo mire. Para los speedrunners, un juego nunca está realmente terminado: siempre hay un segundo que recortar, un glitch que descubrir, una ruta más eficiente que explorar. En ese sentido, el speedrunning convierte los videojuegos en objetos vivos, en constante evolución.
Para los jugadores más tradicionales, la gracia está en la experiencia completa: la historia, los personajes, los momentos de asombro. Y eso también es completamente válido.
Lo que sí parece claro es que el speedrunning no va a desaparecer. Al contrario, sigue creciendo en España con cada año que pasa, atrayendo a nuevas generaciones que ven en esta práctica un desafío diferente, casi atlético, dentro del mundo del gaming. Y mientras haya debate, habrá conversación. Y mientras haya conversación, habrá comunidad.
En La Maleta Online seguiremos de cerca cómo evoluciona esta escena, porque pocas cosas nos apasionan más que ver cómo los jugadores españoles encuentran formas nuevas —y a veces completamente inesperadas— de exprimir los videojuegos hasta el último píxel.